El Hombre que no tenía suerte

Cuento de Turquía

*

Había una vez un hombre que no tenía suerte, pero nada de suerte. Todo lo que  hacía le salía mal hasta que un buen día decidió salir a buscar a Dios para preguntarle por qué no tenía suerte. Y allá se fue en busca de Dios. Caminó y caminó hasta llegar a un río en cuya orilla estaba sentado un lobo debilucho y delgado, que cuando vio llegar al hombre  le dijo:

– Hombre, ¿a dónde vas?.

- ¿Yo?.- contestó el hombre.- Voy en busca de Dios para preguntarle por qué no tengo suerte.

- Hombre, pues si encuentras a Dios  puedes preguntarle por qué estoy yo tan débil y delgado, y qué puedo hacer.

- Sí, si encuentro a Dios se lo preguntaré.- contestó el hombre y siguió caminado.

Caminó y caminó hasta llegar junto a un inmenso y anciano árbol que estaba claramente enfermo pues no tenía hojas.  Cuando el hombre pasó por debajo  el árbol dijo:

- Hombre, ¿a dónde vas?

- Bueno, voy a buscar a Dios porque necesito preguntarle por qué no tengo suerte.

- Ay, si encuentras a Dios, hombre, podrías preguntarle por qué estoy tan enfermo  y qué puedo hacer.- dijo el árbol  con su ronca voz.

- Si lo encuentro, se lo pregunto.- y siguió caminando.

El hombre siguió su camino hasta que llegó a una preciosa casa, rodeada de un hermoso jardín, y de la que salió una  bellísima mujer.

- Hombre.- dijo suspirando.- ¿a dónde vas?

- Voy a buscar a Dios para preguntarle por qué no tengo suerte.

- Vaya, pues podrías preguntarle por qué estoy tan triste y sola y qué puedo hacer.- dijo ella.

- Por supuesto, si lo encuentro se lo preguntaré.

El hombre siguió caminando hasta que un buen día dio la vuelta a una esquina y allí estaba Dios.

- ¡Ay!- dijo el hombre- ¡Gracias a Dios que os he encontrado! Mirad Señor, he venido a buscaros porque quiero saber por qué no tengo suerte.

- Te aseguro que tienes mucha  suerte- contestó Dios- y que está ahí fuera, en el mundo, esperádote. Sólo tienes que buscarla y encontrarla.

-¿Es verdad? ¡Es verdad!.- dijo el hombre con los ojos como platos.

- Te doy mi palabra de que es cierto.- contestó Dios algo ofendido de que alguien dudase de su palabra.

El hombre se puso tan contento al oír esto que estuvo a punto de salir corriendo hasta el mundo a buscar su suerte, cuando de repente se acordó de las preguntas del lobo, el árbol y la mujer. Le hizo a Dios las tres preguntas y Dios le dio una respuesta para cada una de ellas. Luego, el hombre cogió a Dios de la mano y le dijo:

- Gracias Dios, gracias.

Y echó a correr al mundo en busca de su suerte. Según iba corriendo miraba hacia un lado y el otro buscando la suerte. ¿Dónde podía estar?

En seguida llegó a una preciosa casa de la que salió una bella mujer con un vestido escotado.

- Hombre, ¿encontraste a Dios?.- preguntaste.

- ¡Oh sí!.- dijo el hombre con mucho entusiasmo.- encontré a Dios y me dijo que mi suerte está por aquí, que sólo tnego que buscarla y encontrarla.

- Ay hombre, ¿le preguntaste a Dios por qué estoy tan sola y triste y qué puedo hacer?

- ¡Ah sí! Dios  me dijo que estás sola y triste porque vives sola  pero si consigues un amante… ya nunca más estarás sola y triste.

La mujer se bajó el tirante del vestido y pestañeó insinuantemene. Al hablar, su voz sonaba prometedora, llena de pasión.

- Hombre, quédate a vivir conmigo en mi preciosa casa. Disfruta de mi hermoso cuerpo. ¡Sé mi amante!

El hombre se quedó boquiabierto y le temblaron las rodillas. Entonces dijo:

- ¡Me encantaría! Eres la mujer más hermosa que he visto jamás, la amante que siempre he soñado pero, no puedo detenerme. ¡Estoy buscando mi suerte! Está aquí, en algún lugar y tengo que encontrarla.

Y allá se fue el hombre buscando su suerte hasta que llegó justo al árbol.

- Hombre, ¿encontraste a Dios?

- Sí, lo encontré y ¿sabes una cosa? ¡Mi suerte está por aquí, sólo tengo que buscarla y encontrarla!

El árbol crujió lleno de esperanza y preguntó:

- Hombre, ¿le preguntaste a Dios por qué estoy tan enfermo?

- Sí, justamente Dios me dijo que estabas enfermo porque enterrado en tus raíces hay un inmenso cofre con un tesoro y si encuentras a alguien que lo desentierre ya nunca más estarás enfermo.

- Hombre, por favor, coge el tesoro.

- Oh árbol, me gustaría ayudarte pero es que no puedo deternerme, ¿entiendes?  Estoy buscando mi suerte, está por aquí y tengo que ir a buscarla.

El árbol desesperado  él dijo:

- Hombre, mira, tienes una pala ahí al lado. Te llevará cinco minutos. ¡Por favor, sácame el tesoro!

- Lo siento mucho árbol, tengo que seguir buscando mi suerte pero no te preocupes, ya pasará otro que te pueda ayudar.- Dijo el hombre y  siguió su camino.

Llegó al río y allí estaba el lobo aún más débil y delgado que antes.

- Hombre, ¿encontraste a Dios?

- Oh sí, lo encontré y ¿sabes una cosa? Mi suerte está por aquí, sólo tengo que ir a buscarla y encontrarla.

- Hombre – susurró el lobo- ¿le preguntaste a Dios por qué estoy débil y delgado y qué puedo hacer?

- Oh sí – sijo el hombre servicial- justamente Dios me dijo que si te comes al primer tonto que pase por aquí ya nunca más estarás débil y delgado.

Y el lobo se lo comió.



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~ por Xiana da Noite en 2 noviembre 2009.

2 comentarios to “El Hombre que no tenía suerte”

  1. En la búsqueda desesperada de las cosas que creemos que necesitamos, pero que ya tenemos y no podemos ver, terminamos siendo alimento de los lobos! Gracias necesitaba este relato.

  2. gracias por esta metáfora… produce cierta tristeza reconocerse en ciertos aspectos, pero despertar es la única manera de avanzar!

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